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Se está planteando en los últimos tiempos un vivo debate en torno al tapón ideal para conservar la calidad de los vinos, que les permita evolucionar sin sobresaltos y sobretodo que no transmita ningún tipo de sustancia o aroma que altere las características organolépticas del producto envasado. El corcho ha sido el material idóneo durante los últimos siglos, paralelamente al envasado generalizado en botella de vidrio, ofreciendo un taponado hermético y muy duradero adaptable a diversos tipos de botellas y vinos, incluidos los que contienen carbónico, muy versátil por tanto. El corcho, como algo natural que es, ofrece una calidad muy variable, por lo que se impone una selección y clasificación según varios parámetros que en definitiva llevan a obtener desde un corcho casi perfecto en cuanto a porosidad, flexibilidad y, porque no decirlo, imagen, hasta un corcho que apenas es apto para el taponado, quedando por medio diversas calidades y otras piezas de corcho que solo pueden convertirse en tapones a través de técnicas de triturado y aglomerado. La coincidencia de varios factores han desembocado en el debate actual: Aparición de tapones de otros materiales (sintéticos, metálicos de rosca, incluso de vidrio), presión de las cadenas de distribución sobre el precio del vino y necesidad de abaratar costes, oferta limitada del corcho que prácticamente concentra toda la producción mundial en el suroeste de la península ibérica y el norte de Marruecos y por último, aparición de vinos contaminados por TCA que se ha venido a llamar gusto a corcho aunque más bien recuerda a moho o humedad. El origen de la contaminación por TCA no se ha aclarado del todo pero está comprobado que proviene de la unión de sustancias cloradas y materiales de madera (tratamientos químicos de los alcornoques, limpieza de barricas con agua clorada, maderas tratadas presentes en la bodega). El caso es que la situación se ha puesto que ni pintada para emprender nuevos negocios, alguien bautizó el fenómeno como gusto a corcho y de ahí a echarle la culpa al corcho solo había un pequeño paso. A muchas bodegas no les ha venido nada mal, lo cierto es que en el segmento del tapón de bajo coste los sintéticos mejoran las prestaciones del corcho (que a esos precios es cualquier cosa menos corcho natural) aunque se puede dudar de que mejore otros materiales como los metálicos en forma de chapas o tapones de rosca. Por cierto, estos últimos no son nunca solo metálicos ya que necesitan revestimientos y piezas de corcho o plástico, de cuya calidad y diseño dependen para ser más o menos herméticos. En fin, nosotros nos quedamos sin dudarlo con el corcho. Por su peso histórico, porque es el mejor material para tapar una botella y que el vino evolucione conforme a nuestras expectativas, porque es natural, porque es sostenible, renovable, los alcornocales no son excluyentes, más bien al contrario permiten el desarrollo de otras actividades paralelas, son auténticos ecosistemas que aún sin aprovechamiento económico serían dignos de protección, el corcho crea riqueza en muchos lugares, a muchas familias del mundo rural (más aún si se les permitiera cultivar y aprovechar pequeñas parcelas de alcornoques aún en tierras de titularidad pública, con lo positivo que resultaría para la lucha contra incendios en la que la Administración se muestra tan impotente), no provoca guerras ni catástrofes ecológicas, en definitiva: el corcho es vida, el plástico es muerte. |
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Soy sólo uno más de entre tantos avecindado en este mundo, pero que tiene la fortuna de tener dos países como patrias, una por nacencia y otra por elección.
Mi afición es conocer nuevas formas de pensar y compartir lo que en mi camino he visto.


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